Autoestima Femenina, Energía Femenina, Mujer Cíclica, sabiduría ancestral femenina, Sabiduría Menstrual

Estoy menstruando y camino tranquila

Hace un rato comencé a escribir esta nota, la cual iba a tratar del tabú de la menstruación en la historia y como nos sigue influyendo hoy en el siglo XXI.

Mientras escribía la nota ha ido tomando vida propia y ha derivado de otra manera, aunque sigue reflejando tabúes que vienen de antaño, perpetuados hasta el día de hoy, y la importancia de conocer las cualidades de nuestro ciclo (esta esencia siento que la tiene).

En fin la vida es dinámica y no podemos controlarlo todo (aunque nos quieran hacer creer que sí) y precisamente ese es uno de los temas que tanto molesta al patriarcado (el cual trata de mantener una estructura lineal jerárquica y controladora), porque claro, la energía femenina (que habita  en cada persona nacida con útero y más sutil en quienes nacen sin útero) es cambiante, sorpresiva, inesperada, su constante es el cambio constante (uno de los motivos por los que nos han discriminado y maltratado).

Bueno ya me estoy yendo por las ramas nuevamente, eso sí estas ramas están llenas de frutos sabrosos, saberes que nos endulzan y nutren, a veces con toques ácidos e incluso agridulces, mas siempre nutritivos.

Otro día las comparto más, ahora comparto este.

Durante cientos o miles de años  el ciclo femenino ha generado desprecio y aversión, se le ha considerado sucio, vergonzoso, maligno, un castigo a la impura y pecaminosa mujer, símbolo de inferioridad de esta en la sociedad.

Hasta hoy día, mucha gente continua viendo la menstruación y a las mujeres como seres inferiores y desconfiables en nuestra “inestabilidad”, sólo tenemos que observar la publicidad (y recordar cierto chiste que me indigna) de toallas higiénicas (compresas), tampones y pastillas para el síndrome premenstrual, siguen fomentando que mantengamos oculto y en silencio este proceso, que nadie se enteré.

Recuerdo hace años, especialmente en la adolescencia y hasta hace relativamente poco, uno de mis mayores miedos cuando menstruaba, era mancharme la ropa y que todo el mundo lo supiera, me daba pánico pensar en que esto pudiera pasarme.

Vivimos en una sociedad acostumbrada a ver sangre, eso sí, solo sangre derramada por violencia, si se ve la sangre de la vida, esa sangre de los procesos naturales femeninos, entonces la gente se espanta, se indigna y avergüenza.

Desaprender casi todo lo aprendido durante mi infancia y adolescencia sobre la menstruación y ser mujer, ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida, esto se ha dado gracias a las mujeres sabías que han ido apareciendo en mi vida (y a libros, cursos, talleres, formaciones, compartires…) que me han acompañado a descubrir los dones que tiene cada parte del ciclo ovárico, ayudándome a aceptar mi condición femenina como una condición Sagrada, sintiendo que es un gran regalo, aceptando que soy cíclica, que mi naturaleza es el cambio.

Gracias a desaprender y aprehender sobre mi verdadera naturaleza, la siguiente situación fue una anécdota:

“vestida de blanco impoluto fui a hacer la clase de yoga a una de mis alumnas particulares, ese día estaba menstruando, más iba tranquila me había cambiado la compresa antes de salir de casa y en pocas horas estaba de vuelta.

Hice mi clase, y tomé el metro para volver a mi hogar; en el metro una señora muy pudorosamente se me acerca y me dice que estoy manchada, le agradezco a la señora por avisarme.

No tenía nada con que cubrirme, la presencia de mi sangre era evidente para todo el mundo, pues resaltaba del blanco de mis ropajes… era consciente que para muchas personas podía resultar chocante, hasta violento (que paradójico) más yo iba tranquila iba feliz, en especial porque me di cuenta que no me urgí, ni me avergoncé, algo en mí había cambiado profundamente; y también iba tranquila y feliz porque de forma fortuita estaba “colaborando” a visibilizar un proceso natural femenino.

Ojo, no quiere decir que cada vez que esté menstruando, adrede deje que se me pase la sangre por la ropa, para mí fue una gran satisfacción que me ocurriera y caminar tranquila.

Esto es realmente lo que quería compartir de esta anécdota. La importancia de no avergonzarse y poder estar tranquila con nuestros procesos y si ocurre algo así, continuar tranquila”

Para caminar tranquila es necesario conocerse, conocer los diferentes dones que nos trae cada una de las fases del ciclo ovárico (en la etapa fértil y en la plenipausia), así vamos identificando en nosotras y aceptando. De esta manera la visión, el entendimiento y como vivimos cada uno de estos  procesos cambia, mejorando nuestra autoestima, calidad de vida y salud.

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